Mariano Velasco

He escrito siempre sobre muchas cosas, pero desde que soy padre me ha dado por escribir literatura infantil. Supongo que algo ha tenido que ver la economía: para qué gastarme los cuartos en cuentos si los puedo escribir yo. O a lo mejor es que ahora me siento otra vez un poco niño. Además de los dineros, en mi cabeza comenzaron a dar vueltas y más vueltas recuerdos de viejos libros de Enid Blyton, de los tebeos de Mortadelo y Filemón, de las aventuras de los Payasos de la Tele, de las historias radiofónicas de Gomaespuma… y de un viejo maestro de la imaginación: Roald Dalh. Seguro que todos ellos y alguno más han dejado su rastro en los dos libros de esta colección: Don Gerundio en el Bosque de la Prosa, y Don Gerundio y la montaña rusa del lenguaje. Para que mi biografía de escritor parezca mucho más seria, añadiré que de muy jovencito ya leí Cien años de soledad, y que cuando lo terminé pensé: «Jo, yo de mayor quiero escribir así». Me dedico también al periodismo, tarea que se diferencia de la literatura en un pequeño detalle: mientras que en la primera hay que contar siempre la verdad (eso dicen al menos) en la segunda vale inventar mentirijillas. Por eso la literatura resulta mucho más divertida, ¡dónde va a parar! También he sido profe de lengua, y de esa etapa me queda mi manía de jugar y jugar mucho con el lenguaje. Como le pasa al protagonista de esta historia, mi amigo don Gerundio, que ahora que lo pienso se parece un poco a mí. Solo que yo no tengo bigote. 

Con Talentura ha publicado:  
Don Gerundio en el Bosque de la Prosa  
Don Gerundio y la montaña rusa del lenguaje